La arquitectura sana: Un mal diseño arquitectónico puede influir en la salud mental

arquitectura-sana

Los espacios físicos en los que las personas desarrollan sus vidas diarias condicionan en gran medida su estado de salud. No solamente físicamente, algo que quizás sea más visible, sino también des del punto de vista mental.

La interdisciplinareidad que han logrado los estudios científicos en las últimas décadas han permitido profundizar sobre las estrechas relaciones existentes entre la arquitectura pública y privada y la salud mental.

Este artículo se propone analizar qué aspectos del diseño arquitectónico influyen más en los estados emocionales. Asimismo, también ofrece claves para comprender a qué se refieren los expertos al hablar de “espacios arquitectónicos sanos”.

El estrés o la ansiedad, entre las patologías más afectadas

Hay enfermedades en las que el ambiente vital toma una especial incidencia. Algunas, además, son muy frecuentes en los tiempos actuales, como la depresión o la ansiedad. Este tipo de patologías pueden tener, en su origen, o en su evolución, un vínculo importante con el diseño arquitectónico y el urbanístico.

¿Qué es una arquitectura sana?

Al hablar de arquitectura sana, o de espacios arquitectónicos sanos, se quiere destacar que se trata de construcciones que han sido planificados tomando en consideración los factores que pueden afectar emocionalmente a las personas. De este modo, potencian el bienestar de quienes habitan en ellos, o con los que se interacciona a lo largo del día.

Por lo tanto, se trata de un concepto que incorpora, más allá de la vivienda habitual, todo tipo de construcciones. Entre las más importantes también son clave el lugar de trabajo de los adultos, los centros educativos y los centros de salud.

Una arquitectura que piensa en los sentidos

Los sentidos juegan un papel fundamental en el estado de las emociones. Es por esto que, por el bien de la salud mental, es importante considerar sus efectos mediante la exposición a la luz, los colores, los sonidos y los olores.

En el caso de la vista condicionan la preponderancia de una luz natural, así como de una luz artificial óptima. También son interesantes, en esta línea, las ideas que los psicólogos han ido logrando en el campo de los colores. Así, por ejemplo, se ha evidenciado que los colores más cálidos transmiten un augmento del ánimo y de la tensión, y los fríos conllevan una relajación.

Por lo que respecta al oído, el exceso de ruidos, así como la música alta, puede conducir a situaciones de ansiedad y estrés, mientras que el silencio y la música tranquila pueden ayudar a rebajar tensiones. Por último, del mismo modo, los olores de ciertas plantas fortalecen la calma, y otras, como la de los cítricos, excitan el ánimo.

Los beneficios de las plantas y la naturaleza

Disponer de plantas en espacios cerrados, como la vivienda o el lugar de trabajo, también es muy ventajoso. Los expertos afirman que contribuye a aminorar la sensación de ansiedad. Así pues, pueden ser un complemento eficaz en la gestión del estrés, tanto en el ámbito laboral como doméstico. Por si no fuera suficiente, en lo que se refiere a motivos físicos, también contribuyen, a través de la fotosíntesis, a eliminar de los espacios determinados gases.

Urge una apuesta urbanística por la eficiencia y los espacios verdes

Los estudiosos recomiendan que las poblaciones del siglo XXI lleven a cabo unas políticas urbanísticas que sean sensibles a la salud mental de las personas. Así pues, la concentración excesiva, que suele conllevar excesos de contaminación atmosférica, sonora y lumínica, se debe evitar con una buena planificación urbanística.

Ésta debe tener en cuenta, además, la creación de espacios abiertos y tranquilos, tales como parques, que inviten a la paz interior, a la conciliación con la naturaleza, y a desconectar del ritmo frenético diario. Apostar por la eficiencia en las infraestructuras, y al mismo tiempo, por la existencia de espacios que sean agradables, se presenta como la opción más aconsejable.

Espacios arquitectónicos sanos, personas sanas

En definitiva, queda claro que la arquitectura contemporánea, por su enorme influencia en el ambiente, tiene la necesidad de ajustarse a los parámetros ya mencionados, que se ha demostrado que tienen el poder de mejorar la vida física y mental de las personas. La arquitectura del siglo XXI es, sin duda, la de los espacios arquitectónicos sanos.